De política y cosas peores

Catón

¿Por qué las señoras casadas que tienen automóvil lo traen todo abollado de los lados? Porque sus maridos las han tenido engañadas: Les han dicho que esto (separando tres centímetros el índice y el pulgar) son ocho pulgadas. Afrodisio, galán concupiscente, le propuso a Dulcilí, muchacha ingenua: “Vamos al jardín para darte un beso en lo oscurito”. “¡Ah, no! -protestó ella-. ¡Si quieres besarme tendrá que ser en los labios!”. Don Hefestino, el herrero del lugar, era tartamudo. Cierto día estaba forjando una pieza de hierro. Levantó el mazo y le ordenó a su joven ayudante: “Po-pon en el yu-yunque la pi-pí”. “¡Ah no!” -se asustó el mozo al tiempo que alejaba de la bigornia la entrepierna. Aclaró el tartaja: “¡La pi-pi-pieza, im-imbécil!”. Enfermó la esposa de don Poseidón, labriego rico pero de pocas luces. El doctor Ken Hosanna le indicó por teléfono: “Consiga un termómetro y tómele la temperatura rectal a su señora. Luego llámeme”. Una hora después don Poseidón llamó al facultativo y le informó: “Ya le puse ahí a mi mujer el artefacto”. Preguntó el médico: “Y ¿qué marcó? -pregunta el médico.

 

Continuará en su versión impresa…

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