Antonio González Sánchez

La Iglesia Católica en su ritmo litúrgico celebra hoy el segundo domingo de Cuaresma, en el marco del texto evangélico, Lc. 9,28–36, que presenta el pasaje que se conoce como la “Transfiguración”, y siendo consciente que desde el ocho de diciembre inició el Año Jubilar extraordinario dedicado a la Misericordia de Dios, hoy desde transcribir y comentar algunas ideas de la Bula de convocación del Papa Francisco, que tiene como título “Misericordiae Vultus” (El rostro de la Misericordia) deseo transcribir algunas ideas del inicio del Documento:

“Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra”.

Comento: me parece interesante que el Papa diga que en la misericordia encuentra la fe cristiana, porque entonces la fe cristiana se debe vivir en la misericordia, como lo va más adelante es necesaria para nuestra salvación.

Continúa el Papa: “Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret. El Padre, rico de misericordia (Ef. 2,4) después de haber revelado su nombre a Moisés como ‘Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad’ (Ex. 34,6) no ha cesado de dar a conocer en varios modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina. En la ‘plenitud de los tiempos’ (Gál. 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al Padre (cf. Jn. 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios”.

“Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación”.

El Papa Francisco en este inicio del documento de convocación al Año Jubilar extraordinario, recuerda que Dios es misericordioso, y que la máxima revelación de esta verdad es Jesús de Nazaret. Pero también recuerda que todos tienen necesidad de contemplar el misterio de la misericordia como fuente de alegría, serenidad y paz.

Que el Año de la Misericordia ayude a buscar más a Dios y a experimentar su gran misericordia para con todos.

Se puede orar con palabras del Salmo 26: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar?”

Que el buen Padre Dios les acompañe siempre.

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