Samantha Rocha

Roberto Collado, reconocido cineasta, orgullosamente tamaulipeco, es un ejemplo de que la dedicación, entrega, pero sobre todo el amor a tu trabajo, te permite alcanzar el éxito, pues cuando perseveras, no importa el tiempo que tarde, siempre obtienes la recompensa por tus esfuerzos.

Cuando era pequeño, descubrió una de sus primeras pasiones: la historia, pues creció acompañado de la esencia y recuerdos de su abuelo, especialmente sus libros. Posteriormente, a la edad de 15 años comenzó su aventura al irse a Canadá a realizar algunos estudios.

Para él, incursionar en el mundo del séptimo arte fue por azares del destino, no era algo que hubiera planeado, sin embargo, su vida estuvo marcada por eventos que lo guiaron a ello. Recuerda que cuando era estudiante, al preguntarle a qué quería dedicarse, el respondió, “quiero estudiar todas las carreras”, así que eligió la licenciatura de actuación, pues esto de algún modo, le permitió cumplir su propósito.

Collado es sin duda un hombre multifacético, apasionado de la vida, que disfruta la aventura, probar cosas nuevas. Como practicar buceo, para lo cual se encuentra certificado, pues auque de cierto modo las profundidades le causan temor, encuentra en ellas la oportunidad para entrar en una meditación profunda que le ayuda a despejar su mente.

Poco a poco ha ido descubriendo que todas estas pasiones, han estado ligadas al cine; aprendió inglés viendo cine, su amor por la aviación nació gracias a las películas e incluso sus gustos musicales se vieron influenciados por este bello arte.

Actualmente ha realizado una gran cantidad de proyectos como director, guionista y cinefotógrafo. Para él, es importante rescatar nuestras raíces por medio de sus películas, generar buen cine dentro del lugar que lo vio nacer y dar a conocer a las personas la maravillosa historia de su entidad.

Un consejo que dedica a todas aquellas personas que tengan un sueño en la vida, es que jamás se limiten por el miedo. Hay que ser perseverantes, saber escuchar consejos y críticas, pero siempre desechando aquello que esté basado en el temor, tanto personal, como de aquellos que nos rodean.

 

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