De lo que viene y se requiere

Jaime Elio Quintero García

En México, el diferencial entre gasto público y privado (gasto de inversión y corriente en empresas y gasto doméstico) aún es grande, en comparación con las economías con las que nos integramos, ya sea en bloques regionales o comerciales o en esquemas políticos y sociales, claro, sin dejar de entender y por supuesto, también aceptando que la cultura -me refiero a las costumbres, prácticas, creencias y estilos de vida-, es un obstáculo más que México debe superar en corto o mejor aún, de inmediato.

En este momento, todo el país está por lo menos medianamente informado que de que hay dos factores que mueven la crisis financiera y económica que se padece en todos los países del orbe: la baja en el crecimiento económico de China, que fue durante las últimas décadas el motor de la demanda (para el caso de México y otros países en desarrollo, petróleo, minerales, alimentos y demás materias primas). Y por otra parte, la lógica y consecuente baja en los petroprecios y demás productos primarios que alimentaban la demanda del gigante asiático.

Al quedar el mercado internacional sobre-ofertado, era y sigue siendo un obligado ajuste al gasto en lo general, para adaptar los trazos básicos de los modelos económicos a la nueva realidad que genera la contracción de la demanda. Pero como los mercados tardan en reacomodarse, se adelanta siempre el depredador fenómeno de la especulación que alimenta, a su vez, la volatilidad cambiaria y de los mercados financieros.

¿A qué apuestan los especuladores entonces? Al parecer a una de tres variables: de qué tamaño será la devaluación de la moneda china, a la desconfianza de los datos y a las cifras que ese gobierno emite al sistema financiero internacional. Luego entonces, ¿qué es lo que viene en tanto desaparece el fenómeno especulatorio? Sin lugar a dudas, el ajuste a la baja del gasto público y privado, la astringencia del financiamiento y la baja o nula creación y mejora de empleos y salarios.

De esta realidad no se puede escapar nadie, el Banco de México y el Gobierno federal mexicano ya lo han mencionado, aunque falta dimensionarlo y hacerlo. El gasto público tiene que ser recortado cuanto antes, con todos los altos costos políticos y de crecimiento que eso conlleva. Lógico también es presuponer que este recorte afectará al gasto programable y al no programable, en el que van incluidas las entidades federativas y sus municipios. Aun cuando se ha mencionado -más en términos de aliento electoral que de verdad financiera-, que este año 2016 lo podremos librar y que será en el próximo 2017, cuando se hagan los ajustes.

Cierto que este es un tema tan universal y concreto, que impactará no tan solo las 12 elecciones estatales que en México ya están en curso, afectará con toda certeza, la gestión que llevarán al cabo las autoridades que resulten electas el próximo cinco de junio. Por tal razón, que no argumento, las referidas campañas electorales estatales, municipales y legislativas que arrancarán en breve, deben ser serias, propositivas y fundadas.

Deben ser los candidatos, en consecuencia, hombres y mujeres preparados, con perfiles profesionales acordes a los tiempos que habrán de enfrentar, con probada capacidad técnica y currículo profesional adecuado, con experiencia administrativa y política. Personajes que no se pierdan ni hagan perder el rumbo a los electores, que se alejen y no caigan, bajo ninguna circunstancia, en el mundo de los dimes y diretes, so pena de que los electores y la sociedad en general los descalifiquen y no les den su confianza.

Los gobernantes en los estados, municipios y congresos locales con elección este año o sin ella incluso, precisan de acopiar las mejores temáticas, planteamientos y capacidades humanas. Los tiempos inmediatos reclaman talento, imaginación, innovación y habilidad en la conducción social, política, económica y financiera.

No son tiempos -y no porque los haya en algún otro momento-, de perderse en la diatriba y el relajo. Es ocasión de construir ejes de gobierno con la gente, respaldados en ideas que asocien y hermanen a la autoridad con los sectores sociales y productivos, que llenen y aprovechen espacios de desarrollo económico y social, vacíos y desperdiciados por las inercias de gobernar más con el pasado que con el presente y el futuro. El reto es imaginar el contexto, lo específico y lo programático. El reto es la creatividad y la innovación, que bien pueden ser la puerta de salida a la pregunta imaginada: ¿Más severidad y dureza económica y luego, qué?

NOS VEMOS Y LEEMOS EL PRÓXIMO MARTES.

 

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