¡Benditos los que dan esperanza!

Palabras Sabias: ¡Nunca se da tanto como cuando se da esperanza!

(Ana Tule France)

Lilia García Saldívar

Se mecía en la vieja mecedora, traía un ritmo que no era casual, se mecía dos veces y luego paraba un momento, en ese instante se oía su queda voz que decía…

-¡No te olvido nunca!… ¡Estás en mi corazón! Y así, parecía que entre ella y la mecedora existía un dulce reclamo, reclamo de compañía,… ¡Reclamo de soledad escondida dentro de su corazón! Luego paraba y decía… ¡Porqué te fuiste! ¡Porqué Dios no nos llevó juntos! Y luego una lágrima se deslizaba por su rosada mejilla que ella limpiaba al instante, sobre todo si tenía alguna compañía y hoy, la visitaba su nieta una hermosa adolescente que se llamaba Elsie, y era la que la entretenía algunas tardes que la visitaba, Elsie le contaba de su clase de matemáticas y cómo a veces burlaba al geniudo maestro Pedro Sasi, que era un matemático estricto, y no perdonaba ni un error… A esa clase tenía que ir muy bien preparada, pero a veces decía Elsie.

– ¡Ay abue, no me lo vas a creer… pero para esa clase tuve que llevar un “acordeón”!

– ¡Niña, y para que cargar el peso de un acordeón, tan pesados que son! ¡No abue!… ¡No creas que un acordeón de los de música! ¡Se le llama acordeón a un papelito escondido en la falda o en la calceta, y allí escribiste antes del examen como se hacen esos problemas!

– ¡Ah, entonces copiaste! ¡Niña bribona, me dan ganas de decirle eso a tú papá, para que sepa que hija tiene que copia de un… acordeón! Y luego reía abiertamente, esta nieta le daba a ella muchas muestras de regocijos, la acompañaba en aquellas tardes solitarias, le platicaba del muchachito que la seguía y le decía…

– ¿Te acompaño?… ¡Deja que te lleve los libros!… ¡Como reían las dos! Sus tardes tristes se convertían en tardes alegres, el tejido se escapaba de sus manos, los gatos jugaban con la bola de estambre y Sofía no se enojaba y reía, reía porque su nieta la hacía recordar sus años juveniles, aquellas tardes bañadas de luz y ella, la ahora abuela de Elsie paseaba con otras amigas en bicicleta y le decía…

– Mira niña, había una jovencita artista que se llamaba Diana Durbin, y sus películas siempre incluían paseos en bicicleta entonces lo que más añoraba una jovencita era una bicicleta, y tuve la suerte de que una hermana mía ya casada, un día me regaló una… ¡Como la disfruté! Como no todas tenían una había bicicletas de alquiler, y todas las tardes un buen grupo de jovencitas, pasábamos por la alameda, luego nos parábamos y bicicleta en mano llegábamos a una refresquería platicábamos, y teníamos la suerte de que varios estudiantes se paraban a saludarnos, y luego cuando la tarde ya se iba, algunos de ellos nos decían a cada una…

– ¿Te acompaño a tu casa? ¡Que dicha! Cada una se iba con su galán platicando de la escuela, del cine, o de la última película que habíamos visto…

– Entonces Elsie preguntaba….

– ¿Y tú traías novio estudiante abue?

– Y Sofía recordaba a través de la plática de los chicos que la acompañaban y entre las dos existía casi un secreto, dejaban de platicar de los pasados novios, o acompañantes de aquel entonces, si alguien los oía y la plática ahora era de la escuela, los maestros de hoy, pero el alma de Sofía, después que se iba su nieta, quedaba dulcemente adormecida por los recuerdos de su lejana juventud, su alma se llenaba de esperanza, y recordaba con exactitud los amores de ayer… La esperanza, el consuelo, y la amigable conversación aplacaban los latidos de su corazón, y se sentía feliz… ¡Su nieta le daba la esperanza! ¡El gran consuelo del corazón!

 

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