Sudando tinta

La bandera y el escudo mexicano

Benito A. Navarro González.

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Hace años, Enrique Florescano señaló que el símbolo del águila y el nopal, esenciales en el escudo de la bandera mexicana, coincidió con lo que Hobsbawm caracterizó como una tradición antigua; es decir, un tanto en oposición a la tradición inventada o socialmente construida dentro de una nación. Ambos historiadores tuvieron razón, pues si observamos con atención nuestra actual bandera, distinguimos dos elementos que aparecen en el monumento de la fundación de Tenochtitlán: el poder y la práctica guerrera de los pueblos prehispánicos. Y es que, según estudios históricos, el simbolismo nacional es meramente prehispánico y describe lo siguiente: el águila está sobre un nopal del que brotan tunas en forma de corazones de guerreros. Del triunfal pico de la imponente ave, brotan, en forma de gotas (glifo tlachinolli), agua o sangre, cuyo líquido, señala Florescano, representa el grito de guerra azteca.

 

SIMBOLISMO SEGÚN EL MITO

Un aspecto interesante es que en el nopal, que florece en un risco posado sobre agua (glifo de Cópil), aparece un personaje que los antropólogos asocian como el primo cruzado de Huitzilopochtli, y que según los mitos, conspiró, junto con su madre Malinaxóchitl, hermana de Huitzilopochtli, para destronar a la dinastía del dios tutelar. Cópil fue apresado y condenado a un acto de sacrificio donde se le decapitó y su corazón fue arrojado al lago. El corazón de Cópil se convirtió en piedra (primera piedra fundacional de Tenochtitlán), y renació en el nopal o árbol primordial del actual escudo nacional.

De esta manera, los símbolos más representativos del escudo de nuestro lábaro patrio son tres, y representan, de acuerdo a Florescano, una tradición indígena constituida en la fundación de México-Tenochtitlán. El primero es el nopal: árbol simbólico utilizado en Mesoamérica para planificar ciudades, como la de Tenochtitlán, y para la explicación del origen del cosmos. El segundo es la tuna roja, fruto que representa los corazones de los guerreros. En seguida tenemos el águila, símbolo solar de los cazadores que hace alusión al poder y la fuerza; observamos que una garra del ave sujeta una de las tunas en forma de corazón. Finalmente tenemos a la serpiente, símbolo de fertilidad entre pueblos agricultores. Los aztecas atribuyeron esa imagen al triunfo de los pueblos cazadores sobre los agricultores. Es decir, los cazadores (el águila) derrotaron a los agricultores (las serpientes) desgarrando sus corazones como señal de la victoria de Huitzilopochtli.

 

PRIMERAS TRANSFORMACIONES

Sin menospreciar las historias contadas sobre cada una de las banderas que se han conocido en el pasado mexicano, soy de la idea que son tres las mutaciones más importantes que ha sufrido nuestro símbolo patrio. La primera de ellas, quizá el referente principal de las posteriores banderas, fue la de 1821; se trata de un símbolo del ejército trigarante comandado por Agustín de Iturbide. La segunda transformación del lábaro fue en 1823, cuando el primer emperador de México decide agregar a la bandera un águila posada sobre un nopal y devorando a una serpiente. La tercera mutación fue impuesta por el primer congreso constituyente, poco después de que el régimen de Iturbide desapareciera; a la bandera se le agrega un adorno en la parte inferior del nopal; hojas de laurel y de encino, elementos republicanos y liberales. Veamos pues, el contexto en el que se modificó el lábaro patrio.

 

LOS CAMBIOS DEL SIGLO XIX

Durante la etapa final de la guerra por la independencia, se creó la bandera de las tres garantías en la ciudad de Iguala, en el actual estado de Guerrero. En este periodo se concedió cierta legitimidad a la bandera por el ejército trigarante. Físicamente se trataba de un rectángulo de seda con tres franjas diagonales a color, cada una con una estrella bordada con hilos de oro. El blanco representaba la inmaculada concepción de la religión católica; el verde a la tradición insurgente; y el rojo significaba la pureza de sangre de los criollos.

Consumada la independencia, el 27 de septiembre de 1821, se modificó la bandera. Las franjas cambiaron verticalmente, siguiendo el siguiente orden en sus colores: verde, blanco y rojo. Por primera vez, en el centro de la bandera se colocó la imagen de un águila ligeramente de perfil, posada sobre un nopal y con sus alas extendidas. Como elemento distintivo, al águila se le agrega una corona imperial, aludiendo al imperio mexicano.

El artículo 16 del Plan de Iguala resaltó tres puntos fundamentales para lograr un consenso entre los mexicanos: (1) Dispuso la conservación de la Religión Católica Apostólica Romana, es decir, trató de mantener en el país esta fe, sin mezclarla con otras sectas y otras Iglesias. (2) Declaró la independencia de Nueva España respecto de la Metrópoli. (3) Dispuso la unión entre europeos y americanos para el mejor desempeño de la nación.

Al establecerse el republicanismo, el lábaro patrio vuelve a modificarse. El diputado Florentino Martínez, desde el primer Congreso Constituyente, propuso modificar el escudo imperial de Agustín de Iturbide. El 14 de abril de 1823, el congreso adopta oficialmente una bandera tricolor con franjas verticales. El escudo conserva el águila, sin corona, posada sobre un nopal que renace de una piedra situada en el agua, rodeada por símbolos republicanos; ramas de encino y laurel. La simbología finalmente conseguida en 1823 significó, a su vez, una revitalización de la tradición indígena contenida en el emblema del altépetl. Asimismo, las franjas tricolores siguieron dando el ingrediente de una sociedad dividida en grupos articulados.

A partir de entonces, el águila adquirió un significado especial para nuestro lábaro patrio; tres aspectos serán importantes:(1) la bandera resumió el simbolismo de la identidad y pasado indígena; (2) legitimó el gobierno virreinal y (3) reafirmó la tradición liberal que caracterizó al siglo XIX.

En los siguientes siglos hubo variaciones a la bandera, pero sólo fueron el reflejo de guerras, tanto internas, como externas y de los números gobiernos que caracterizaron el siglo XIX. A Pesar de las desgracias, el símbolo central siguió en la cúspide del lábaro patrio: el águila como escudo y una bandera tricolor. Tenemos pues, que nuestro lábaro está conformado por dos símbolos importantes: tres colores y un escudo al centro. El último representado por un águila de perfil izquierdo que posa sobre un nopal con su garra izquierda y que brota de una roca que yace al centro de un lago. Con la garra derecha, el águila sujeta y devora con el pico a una serpiente de cascabel. El escudo se encuentra adornado en la parte inferior izquierda por ramas de encino y en la parte inferior derecha, tiene ramas de laurel.