De política y cosas peores

Catón

“No se puede confiar en las mujeres-le dijo un tipo a otro-. Mi novia me contó que había pasado la noche con su hermana, y no era cierto: yo pasé la noche con su hermana”… Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, se quejó con el gendarme de la esquina: “Le pedí una dirección a aquel hombre y me dijo que me fuera a la tiznada”. Replicó el jenízaro: “¿Y no sabe cómo llegar?”. El guerrero maya habló con el sumo sacerdote: “Ya sé que la tradición dicta que debemos tocar los tambores y arrojar las doncellas al cenote, pero ¿no cree usted que sería más divertido hacer las cosas al revés?”. Afrodisio le preguntó a Dulcilí: “Si fueras a una fiesta, bebieras hasta emborracharte y amanecieras con señales de haber hecho el amor ¿se lo contarías a alguien?”. Respondió Dulcilí: “Claro que no”. “En ese caso -prosiguió el salaz tipo- te invito a una fiesta”. El asombrado reverendo que ofició la boda le indicó al novio hablando hacia abajo: “Dije que podía usted besar a la novia. Besarla únicamente”. Un forastero llegó al pequeño pueblo y se dirigió a un vecino del lugar: “¿Hay aquí mujeres para pasar un rato?”. Inquirió el otro: “¿Como de cuánto?”. Respondió el visitante: “Como de 200 pesos”. Contestó el lugareño: “Toque usted en la puerta de aquella casa verde”. Dijo el recién llegado: “¿Y como de 500 pesos?”. “Toque en la puerta de aquella casa amarilla”. “¿Y como de mil pesos?”. “Toque en la puerta de aquella casa azul”. Preguntó el fuereño: “¿Y como de cinco mil pesos?”. El sujeto ponderó por un momento la cuestión y luego replicó: “Toque usted en cualquier puerta”

 

Continuará en su versión impresa…

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