Baltazar: Retórica y compromiso

Melitón Guevara Castillo

Los datos son firmes: 14 mil 208 delegados efectivos validaron la propuesta de la cúpula priista de que Baltazar Hinojosa Ochoa sea el candidato constitucional a la gubernatura. El escenario fue, digamos, extraordinario; la asistencia y la alegría contagiosa, de tal suerte que ahí, la familia priista, solo mostró unidad. Que es, lo que presume Rafael González Benavides, la fortaleza de su partido, el PRI.

Por lo regular, la gente común, no cree en los políticos. Incluso, ya enfundados en algún puesto de representación popular (diputado o senador), menos. Y es que, en todo caso, siempre es bueno recordar que la historia política nos dice que los políticos, los que la practican y gobiernan, tienen la fea costumbre de ocultar sus intereses. Y por eso, en cierto momento, se habla de hartazgo, porque hay gobernantes que se sirven en lugar de servir.

De ahí, entonces, que siempre hay la coyuntura para hablar de la retorica de los políticos. Y Baltazar Hinojosa Ochoa es un político, que a los militantes priistas –sin otra opción–, les habla, les indica, de un compromiso, de que está orgulloso de que le hayan dado tal responsabilidad: limpio y ejemplar, dice, será el trabajar, porque los tamaulipecos merecen lo mejor.

Fue claro en su concepto de cómo hará su campaña: será el protagonista principal de una campaña cercana a la gente, de respeto y propositivo. Cercana a la gente implicada, obvio, darse uno y mil baños de pueblo; escucharlos, entenderlos y comprenderlos, para así tener la oportunidad de servirlos mejor. Decía un gobernador de hace varias décadas: hacer la obra, resolver el problema, el más sentido, es decir, el más necesitado, prioritario.

Efectivamente, Baltazar no desconoce cuáles son los problemas prioritarios de los tamaulipecos. Por eso asume el compromiso de satisfacer las demandas de los tamaulipecos; y sin querer queriendo las menciona: seguridad, certidumbre y confianza. Si hay seguridad, habrá certidumbre de mejores condiciones de vida, porque habrá más inversiones, mas empleo y la confianza, en el gobernante, estará garantizada.

El priismo tamaulipeco tiene la certidumbre de que van a ganar, que con Baltazar Hinojosa, se retendrá la gubernatura. Que Tamaulipas seguirá haciendo historia en el sentido de que, por decisión popular, no llega la alternancia. También así lo atestigua la historia de las elecciones, la anterior, la que convirtió a Egidio Torre Cantú en gobernador, el PRI sacó un dos a uno a su inmediato perseguidor, al PAN.

El ingrediente que puede, si no modificar tal certidumbre, si la hace más complicada, es que el escenario de hoy, es muy distinto al de hace seis años. Para esta elección el PAN presenta a un candidato que, fácilmente, lleva diez años construyendo su candidatura. La ventaja del PRI, desventaja del PAN, es que los blanquiazules están por todos lados divididos. No son capaces de mantener una disciplina partidista, como la que presume el PRI.

Otro ingrediente más, en detrimento del PRI, es que una que otra de sus candidaturas a alcalde no respondieron a intereses populares, o cuando menos, a los de una gran mayoría. No debe olvidar el PRI que al perder municipios grandes, también pierde diputaciones; y que hace tres años, Ramiro Ramos Salinas tuvo que operar una traición: que dos diputados del Verde, desertaran y se fueran al PRI, así fue como se obtuvo la mayoría necesaria para tener bajo control el poder legislativo.

Bueno, tan es diferente el escenario político-electoral, que los Consejeros Electorales están viviendo, sufriendo, los embates de los “Independientes” y todo, sin la menor duda, por las decisiones correcta o equivocadas, como esa de ampliar el plazo para que otros independientes cumplan con el requisito de las firmas: los que ya las cumplieron, no quieren más, no quieren que la rebanada del pastel del financiamiento público se haga más chiquita.

El PRI sabe que disminuyó su voto duro. Confía en su capacidad de movilización.

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