Tres al patíbulo

Marco A. Ramírez

Es domingo 21 de febrero por la noche en el aeropuerto intercontinental George Bush en Houston, Texas. En la torre de control se recibe un mensaje enviado desde el flamantísimo “José María Morelos y Pavón” solicitando permiso para aterrizar. Permiso concedido. Enrique Peña Nieto, presidente de nuestro México lindo y querido, llega así a la llamada capital mundial de la industria de la energía. Miguel Basáñez, embajador de México en Estados Unidos, lo recibe con un abrazo mientras con nuestro notable acento de mexicano hablando inglés le dice “guelcom to Jiuston señor Presidente”.

Peña Nieto en Houston nos confirma que nadie es profeta en su tierra. Nuestro Presidente, desaprobado ahora por más del 60 por ciento de los mexicanos, ridiculizado en las redes sociales y señalado en medios independientes e internacionales por escándalos de corrupción y abuso de poder, ha venido a recibir un reconocimiento en el marco de la más importante convención de todo lo que tiene que ver con producción y distribución de energía llamada Ceraweek, donde por una semana coinciden líderes de negocios, políticos e investigadores de todo el mundo.

Este premio, nombrado Trayectoria de Liderazgo Global (IHS Global Lifetime Achievement), se le entrega a Peña Nieto en la conferencia de apertura aludiendo su visión y liderazgo en la transformación del sector energético de México. La multitud aplaude, los miembros del gabinete que lo acompañan están de pie, orgullosos de su jefe, Peña Nieto sonríe y parece sentirse satisfecho y orgulloso pero ¿De qué se siente orgulloso? Ni la reforma energética ni ninguna otra son precisamente ideas suyas, su mérito es simplemente ser el titular de la Presidencia de la República mientras un equipo de operadores ejecutan negociaciones en todos los ámbitos y en todos los niveles para hacer que suceda sea como sea mientras él ocupa la silla presidencial. Ante los ojos de los nacionales y extranjeros que calculan beneficios por la apertura del mercado energético en México, el presidente Peña es un Mesías.

Durante su breve mensaje de agradecimiento, Peña Nieto aprovecha para informarnos a todos que ha tomado la decisión de adelantar la apertura de la importación de combustibles a partir del uno de abril de este año y no hasta el 2017. Hay una contradicción en este anuncio que pone al descubierto la desesperación del Gobierno mexicano por atraer o alentar inversiones que impacten favorablemente nuestra maltratada economía. En su mensaje se le olvida mencionar que los precios de los combustibles seguirán controlados por el Gobierno hasta el año 2018, por lo que hasta entonces la competencia con Pemex no se verá en el precio del combustible, sino en productos y servicios de valor agregado.

En un escenario imaginario, la caída de los precios del petróleo hace imposible la operación de Pemex como la conocemos. En todos los rincones de la paraestatal se extrañan los días de bonanza con precios por barril encima de los cien dólares. El recién nombrado director general, José Alberto González Anaya, tiene la encomienda de parar todo lo que no sea financieramente viable. De entrada la producción disminuye y empiezan los recortes. Hay nerviosismo y alerta en todas las secciones del STPRM. Pemex está en coma por la avaricia de los dirigentes y los políticos que no quisieron ni pudieron establecer condiciones para que la riqueza de nuestros recursos naturales sirviera como motor de desarrollo del país, nadie pensó que la gallina de los huevos de oro podría morir. Adelantando el tiempo en el escenario, todo lo que Pemex ha dejado de hacer está ahora en manos de empresas particulares, nacionales y extranjeras. Los líderes del STPRM se reagrupan para subsistir bajo un esquema diferente donde ahora los patrones son muchos. Quienes lamentaron haber sido despedidos de Pemex están felices de tener opciones donde su experiencia es valorada y de poder trabajar con empresas mejor administradas y con mejores condiciones. Hay prosperidad y desarrollo, somos un país productivo con gente feliz, esta reforma sí sirvió.

Peña Nieto recibió el reconocimiento a nombre de todos los mexicanos, estemos de acuerdo o no, le entendamos o no. En el patíbulo ya están la CFE y el IMSS. Lo que sigue ahora es cambiar la idea que tenemos de Pemex, acostumbrarnos a otras compañías y otras marcas en todo lo que tiene que tenga que ver con energía. Eventualmente, los beneficios de esta apertura serán palpables para todos y entonces no faltará quién diga “gracias a Peña Nieto”.

Se dijo primero aquí. En una semana, otro escenario.

Avui no és demá.

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