De política y cosas peores

Catón

Don Remisio llevaba ya media hora haciéndole el amor a su mujer. Le preguntó la señora: “¿Qué te pasa? ¿Por qué estás tardando tanto?”. “Perdóname -se disculpó él-. Es que no puedo pensar en nadie”. Un encuestador entrevistó a Afrodisio: “¿Practica usted el sexo seguro?”. “Desde luego -contestó el salaz sujeto-. Ninguna de mis amigas vive a menos de diez kilómetros de mi casa”. Comentó un tipo: “Cuando éramos niños mi hermana jugaba con muñecas y yo con soldados. Ahora la cosa es al revés”. Don Cornulio le contó, preocupado, a un amigo: “Pienso que mi esposa ha empezado a fumar. El otro día llegué a mi casa más temprano que de costumbre, y en el buró de su cama vi una pipa”. Augurio Malsinado se quejó: “Tengo muy mala suerte en el renglón del sexo. Una prostituta me dijo: ‘Esta noche no. Me duele la cabeza’”. Dulciflor se fue a confesar con el padre Arsilio: “Me acuso, señor cura, de que le toqué a mi novio la pipí”. Preguntó el sacerdote: “¿Cuántos años tienes?”. Respondió ella: “25”. Le indicó el confesor: “Entonces ya estás en edad de decir ‘la polla’”. Me pregunto si el diablo anda suelto.

 

Continuará en su versión impresa…

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