De línea a línea

Esperanza ciudadana

 

 

 

 

La reflexión postelectoral del cinco de junio, de los ciudadanos tamaulipecos que ejercieron su derecho de elegir a sus gobernantes, sean de cualquier denominación partidista o independentista, debe haber en ellos en ellos motivos suficientes para decidir el destino de esta región.

Y en la lista de motivaciones predominan los temores y las esperanzas de cada ciudadano, propio de la persona humana, que no es ajena a los retos y desafíos que anhelan resolver a través de sus gobernantes.

Más aún resulta complejo si los ciudadanos, desde que abrieron los ojos, han vivido bajo un sistema que ha engendrado un paternalismo enfermizo, que pretende crear hijos dependientes, porque solo con ellos tiene la capacidad de ejercer el control de sus engendros. Y conservar la hegemonía de los entornos de la persona.

Pero resulta relevante que en la diversidad de las personas y las sociedades es donde surgen nuevos modelos, capaces de encantar a las nuevas generaciones, que estas a su vez ejercen influencias en sus antepasados. Y que con capacidad crítica, aptitudes que seguramente no adquirió en la escuela pública y privada, tiene la capacidad de criticar y replantear modelos que satisfagan sus necesidades espirituales.

Porque en definitiva, lo que mueve a toda persona es el espíritu, sin importar el tipo de vida o actividad económica incluso académica o intelectual, su origen cultural. Porque en la capacidad de decisión, sobre todo para construir una sociedad ideal. El ser espiritual que cada miembro de la sociedad lleva es lo que en definitivo rompe con los esquemas y las estructuras de un hombre sepultado y abrumado por un entorno insatisfactorio.

De tal manera que si la euforia de unos es la tristeza de otros, porque su candidato fue arrollado por el contrario, en las urnas que construyó el hombre viejo. El hombre nuevo, que surgió de los escombros del hombre viejo, está y se manifiesta satisfecho porque ha demostrado y ha derrotado los paradigmas del hombre viejo.

Y el hombre viejo, agotado por el vencimiento de su ciclo, es incapaz de crear nuevos paradigmas que lo pongan a la altura de las exigencias de las nuevas generaciones, de las que forma parte el hombre nuevo.

Una de las características del hombre nuevo es el perfil de la esperanza. Por ese motivo es capaz de vivir desinstalado. Deja la comodidad para vivir la aventura de las inseguridades.

De tal manera le resultan repugnantes todos los “anzuelos” del hombre viejo, porque está decidido a crear su propia historia.

Este quizá podría ser uno de los postulados que el gobernador electo, utilizo para conquistar la confianza de hombres y mujeres de una sociedad en búsqueda e insatisfecha con las ofertas del hombre viejo, pero sobre todo con prácticas cuyos resultados han sido deshumanizantes.

Que ha vivido días sombríos convertidos en semanas, meses y años, en los límites de la deshumanización. Pero que gracias a esas condiciones, les nacieron las agallas para desafiar los esquemas y acabar con los esqueletos de un hombre viejo y en decadencia. Incapaz de crear metas nuevas y construir un sendero de libertad y de justicia.

Puede ser que el ruido de los fusiles, el atropello de los gendarmes y los excesos de los poderosos y el ulular de las sirenas despertaron al hombre nuevo, que no tiene edad ni sexo. Y que espera tiempos nuevos.