Catón

De política y cosas peores

Catón.-

“Están violando derechos” -le comentó a Babalucas el amigo que leía el periódico. “Me vale -replicó displicente el badulaque-. Yo soy zurdo”… Don Astasio llegó a su domicilio después de su jornada de 8 horas de trabajo como tenedor de libros. Colgó en la percha su saco, su sombrero y la bufanda que usaba incluso en los días de calor canicular y se encaminó a la alcoba a fin de reposar un momento su fatiga antes de la cena. Lo que vio ahí le impidió gozar ese descanso: su esposa estaba en el lecho conyugal en ilícito fruir con un joven balarrasa en quien el mitrado marido reconoció al repartidor de pizzas. Fue don Astasio al chifonier donde guardaba una libreta en la cual solía anotar inris para nocir a su mujer en tales ocasiones. Volvió a la alcoba y le espetó a la pecatriz estos sonoros calificativos: “¡Bagasa, calvadora, pisca, mancellosa, lumia, ganforra, pirausta, carcavera!”. Todos esos términos son sinónimos de prostituta. Sin suspender la actividad que en ese momento la ocupaba contestó la señora: “Ignoro el significado de esas palabrejas, pero imagino que son malas. Es de pésima educación, Astasio, decir maldiciones en presencia de un visitante. Anda, ve a entretenerte con tu colección de sellos de correo, y cuando acabe yo de atender a este joven te daré de cenar. Hay pizza de salami”… Algunos pensarán que en el futuro, cuando escuche la canción “New York, New York”, López Obrador sentirá un repeluzno que le bajará por la región dorsal desde la nuca hasta el lugar en que la espalda pierde su decoroso nombre. Y es que al oír las notas de esa conocida pieza, éxito de Frank Sinatra, AMLO recordará por fuerza el episodio del hombre al que en Nueva York llamó “provocador”, y que al final resultó ser padre de uno de los desaparecidos de Ayotzinapa.

 

Continuará en su versión impresa…