Poder Político

La fuerte imagen presidencial de Francisco García Cabeza de Vaca

Ciriaco Navarrete Rodríguez.-

El Gobierno de la República Mexicana ha mantenido desde siempre centralizado el poder público, lo cual significa que, en los hechos, ningún gobierno de los estados es “libre y soberano”, muy a pesar de que en el discurso siempre lo repiten de manera automática todos los funcionarios y políticos de los tres niveles gubernamentales del país.

Esa realidad trasciende al pensamiento cultural de todas las clases sociales que cotidianamente interactuamos para subsistir en todo el territorio nacional, pero, a pesar de esa triste realidad, los responsables del gobierno educativo, sin consideración alguna, toman decisiones totalmente improvisadas, porque desconocen la ruta cultural.

En efecto, los altos mandos nacionales de la educación se manejan con notoria dictadura y obligan a mandantes de los estados a que, sin excusa ni pretexto, pongan en práctica los planes y programas previamente diseñados por la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Esa ceguera autoritaria se da en todas las estructuras del Gobierno federal, porque lo mismo sucede en el Poder Ejecutivo, en el Legislativo, y en el Poder Judicial.

Por ejemplo, el Presidente de la República en turno siempre designa a sus allegados y familiares para que ocupen los diversos cargos más importantes tanto de la Presidencia como de las secretarías de Estado. Por fortuna ya quedaron un poco lejos aquellos usos y costumbres, en los que el Jefe del Ejecutivo Federal ponía y quitaba a su antojo a los gobernadores de los estados.

Por ese motivo, a muchos compatriotas ancianos que, como yo, padecimos aquellos atropellos, se les hace fácil pedir que sea el Presidente de la República quien ponga orden en las entidades federativas.

Esas son las voces que todavía se escuchan en la Ciudad de México, capital del país, con motivo de las controversias constitucionales surgidas a raíz de los desatinos jurídicos que aparecieron en la redacción de la Primera Constitución, recién elaborada, para la Ciudad de México, la cual se caracteriza por su franca y utópica empatía con la Constitución General de la República, que es el “garrote de sometimiento empobrecedor” que padecemos desde hace cien años.

Pero no crea Usted que estamos a salvo en las demás entidades federativas, porque no hay una sola constitución estatal que se aparte del carácter regresivo y empobrecedor que caracteriza a la Constitución General de la República, y tal vez a eso se debe que en ningún se vislumbran señales democráticas.

Y no podría ser de otra manera, porque aquel estado que se atreviera a sugerir siquiera la adopción de la democracia verdadera como régimen de gobierno, sería etiquetado como separatista y traidor a la Patria. Sin embargo, estoy seguro de que valdría la pena correr ese riesgo en Tamaulipas, si se aprovechara la fortaleza política y el gran carisma del gobernador Francisco García Cabeza de Vaca.

Lo digo y lo reitero, porque el Jefe del Ejecutivo tamaulipeco tiene una muy fuerte imagen presidencial, porque, además, cuenta con una sólida formación académica y profesional, que supera con mucho a los aspirantes presidenciales de todos los partidos políticos, y no sería aventurado pensar que García Cabeza de Vaca, si se decide, podría ser el próximo Presidente de México.

E ‘mail. Ciriaconavarrete_1941@yahoo.com.mx

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