CTM, CNC, conexos y similares ya no son el PRI

Ma. Teresa Medina Marroquín

 

 

Las aprehensiones de Tomás Yarrington y Javier Duarte, y las que pronto o ya se están dejando venir en cascada, incluyendo la de César Duarte Jáquez, ex gobernador de Chihuahua (y otros tiburones aterrados y encogidos), son un arma de doble filo para el sistema fallido que gobierna al país.

Con la excepción de la CNOP, desmantelada y agonizante, la CTM, CNC, conexos y similares se niegan a permanecer como sectores y organizaciones del PRI con existencias espectrales.

Evidentemente estos antiguos pilares del otrora partidazo al ser ignorados por el CEN tricolor y su dirigente afanado en otros negocios (según ellos elecciones) en estados donde podrían lograr algunas probabilidades de éxito, irán por su propia cuenta.

Con estas expectativas a la baja, estas organizaciones que en el pasado acarreaban millones de votantes cautivos (que a cambio recibían dádivas humillantes), han decidido irse por la libre negociando con otros partidos lo poco que aún les queda de militancia y presencia política.

El PRI en ese sentido —despejadas de buena fe la infinidad de dudas sobre las entregas pactadas de Yarrington y Duarte o traiciones sobre ellos— no sólo ha tocado fondo, sino iniciado un largo y penoso camino a la credibilidad y recuperación electoral.

Acción que paradójicamente es, dígase lo que se diga, la correcta, aunque con ello descienda a la tercera o incluso cuarta posición en el ranking político-electoral, aún por debajo del conjunto de aspirantes independientes a la Presidencia de la República.

Su decisión de haber traicionado literalmente sus propias convicciones las pagará a un costo muy alto. Allanándole, aparentemente sin querer, el camino a otras fuerzas políticas.

Desenlace de este nuevo panorama, será la disputa entre PAN y Morena por el primer lugar nacional dentro de las preferencias electorales. Y correspondiéndole, a uno u otro, la función del gran e indispensable contrapeso del poder.

Mientras tanto, el PRI-Gobierno federal seguirá dosificando astutamente las capturas y los escándalos “justicieros” rumbo a la reñida e histórica elección del Estado de México a celebrarse el próximo cuatro de junio.

Suponen que por cada ex gobernador preso, el empate en las encuestas que sostienen con PAN y Morena se destrabará.

Eso quizá lo logren, siempre y cuando las cantidades obscenas que se robaron como dementes sean devueltas al erario de la nación. Dios perdona (y también el pueblo), pero con hechos y contrición verdaderos y evidentes.

 

PENALES: 50 AÑOS DE AUTOGOBIERNOS

Otro tema difícil es con el que lidia el gobierno de Francisco García Cabeza de Vaca respecto al orden y pacificación en los penales de la entidad.

Una tarea ardua a la que se enfrenta el actual Gobierno estatal, y la que por cierto nadie debe olvidar ha sido un fenómeno creciente y peligroso que por largos años ningún gobernador de Tamaulipas (todos del PRI) intentó siquiera disminuir.

Eso no justifica al actual Ejecutivo estatal en el hipotético caso de que no se quisieran erradicar esas deformaciones violentas que sufre el sistema penitenciario del estado.

Sin embargo, basta decir que en todo México esa anormalidad llamada “autogobiernos” viene arrastrándose desde los años 70.

Es decir, casi medio siglo que en las cárceles se suscitan hechos sangrientos donde diversos grupos se disputan el poder y sus repercusiones, desde hace varios sexenios, trascienden y afectan a la sociedad en su conjunto.

A todo esto, lo interesante es que el gobernador García Cabeza de Vaca está dando la cara a la sociedad, sin recurrir a aquellas estrategias de silencio que ciertamente por un tiempo resultaron provechosas para sus antecesores que dejaron crecer el problema hasta los niveles que hoy todos vemos consternados.

Y al decir que da la cara, su mérito se basa en las acciones inmediatas que asume, controlando la violencia mediante esquemas tácticos y desde luego por el uso de la fuerza pública, hasta transferir rápidamente de un penal a otro a los internos que provocan el terror. El asunto no será fácil de resolver de la noche a la mañana, pues Cabeza de Vaca es gobernador y no mago; aunque la voluntad política de hacerlo ya está en marcha y la ciudadanía lo sabe, a diferencia de otros sexenios que sólo se concretaban a decir que “el problema habremos de solucionarlo con el tiempo”.

¡Feliz fin de semana!

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