Orbe

La mayor herida vendrá desde el Estado de México

Ma. Teresa Medina Marroquín

 

 

La tensión que está provocando la elección en el Estado de México y los inmensos recursos económicos que ahí se derraman a favor de todos los candidatos, va mucho más allá de un simple y normal proceso que desembocará en los comicios presidenciales de 2018.

Desesperado el PRI por posicionar al impopular Alfredo del Mazo en las encuestas, su campaña está resultando la más costosa de la historia de México con la meta paralela de que el aspirante del tricolor a Los Pinos sustituya a Enrique Peña Nieto, y así todos permanecerán felices junto con la ineptitud de mantener un país en el infierno de la injusticia.

Evidentemente el triunfo hipotético (y cardíaco) de Del Mazo no le garantizaría al partido que preside Enrique Ochoa Reza que su abanderado conquiste la Presidencia de la República el siguiente año.

El hecho de que Peña Nieto esté considerado como el mandatario con la peor credibilidad de la historia moderna, agregándosele que el PRI perdió su identidad ideológica y vinculación con sus bases, convierte a este instituto político en el más débil de los partidos, incluso por debajo del propio PRD que atraviesa una grave crisis.

De manera que al aspirante que el tricolor envíe (por “dedazo”, para que quede más claro) a la trinchera electoral de 2018 se topará con esa burbuja ascendente y terriblemente populista llamada AMLO, creándose una serie de circunstancias que agudizarían los escenarios que desde ahora se prevén violentos en extremo, por la consigna de detener el avance inexorable del tabasqueño, y porque, en términos de mercadotecnia electoral, los dos personajes escenificarían una lucha muy contrastante que beneficiaría al de Macuspana y acabaría por darle el triunfo.

Y ahí es precisamente donde los rumores de violencia, equivalentes a los de 1994, podrían estar de regreso.

Los más pesimistas, pero no absurdos, anuncian que si fueron capaces de borrar del mapa a Luis Donaldo Colosio y posteriormente a José Francisco Ruiz Massieu, ¿qué no serán capaces de hacer por evitar que llegue López Obrador?

 

NADIE LE CREE AL PRESIDENTE

En ese sentido ya nadie le cree al presidente Peña que la herida que sufre el país entero, por la violencia y la impunidad, y desde luego por los crímenes de periodistas y activistas, se detenga, y mucho menos que se esclarezcan.

México está harto de declaraciones hechas al estilo de la reciente reunión de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), cuyas resoluciones, en voz del propio Presidente de la República, anuncian medidas para la protección del ejercicio periodístico.

¿Cuántos rituales políticos y costosos se requieren para contener esta ola de asesinatos?

¿Cuántas veces tendrá que repetir (sólo por compromiso) el titular del Ejecutivo Federal que “su administración actuará con firmeza para castigar a los responsables de esas agresiones”?

Simultáneo a esas condolencias permanentes no se debe perder de vista que la mayor herida se estará gestando desde el Estado de México. Un agravio anunciado que la Federación cree —según se confirma una y otra vez— poder remediar con un palabrerío y con una demagogia ni siquiera propia de aficionados dedicados a las farsas de rancho.

El enorme riesgo de que el país entre a un callejón sin salida, donde la exasperación, la irritación, la angustia, la asfixia y la rabia del pueblo participen, detonará la peor de las devastaciones sociales.

La presión sobre la gente es demasiada, sobre todo por aquella que menos tiene. Y la fórmula perversa de controlar a las masas con pobreza y terror se salió de control. Las consecuencias de esa estrategia diabólica, ya no precisamente corrupta, está transformándose en un odio inmenso que para disminuir sus efectos seguirá encarcelando a varios ex gobernadores y muchos de sus colaboradores y cómplices.

Ahora lo esperado para 2018, de llegar AMLO al poder, sería que el castigo suba de nivel. Seguirán cayendo ex gobernadores, pero el terror es que también caiga, por primera vez en la historia, un ex Presidente de la República y varios integrantes de su gabinete.

Claro que ese elevado riesgo trae “apanicada” a la mal llamada clase política del país. Ya no es tanto el gastado cuento de conservar el poder por servir a la gente, sino porque desde éste se conservarían las riquezas saqueadas y prolongarían sus fabulosos negocios. Por eso AMLO no sólo es un peligro por la forma en que gobernaría, sino porque su mafia es enemiga de la que ahora hace y deshace con los recursos naturales de la nación.

¡Feliz fin de semana!

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