Perspectiva Caballera

Inescrupulosa oportunidad

por Marco A. Ramírez

 

 

Al filo de la medianoche del pasado viernes ocho de septiembre, un terremoto de 8.4 grados con epicentro frente a la costa del estado de Chiapas y sus más de 900 réplicas crearon terror y pánico entre los habitantes de las regiones sureste y centro del país, dejando a su paso destrucción y muerte. Como pasa cada vez que ocurre un desastre natural, se establecen centros de acopio en todas partes para poder enviar ayuda en forma de víveres y artículos de primera necesidad a quienes tuvieron el desfortunio de ser afectados, es una forma de cumplir como buen ciudadano, hoy por ellos, mañana tal vez uno. Dos días después, un camión de mudanza cargado de ayuda con destino a Juchitán, Oaxaca, se vuelca en la carretera que va de Puebla a Córdoba y tan triste como lamentable, la gente que pasaba o lugareños que se dieron cuenta del accidente procedieron a robar todo lo que pudieron ante la insolente complacencia de algunos elementos de la policía que también llegaron al lugar del accidente. Solo bastó con que uno de entre todos empezara a rapiñar la carga regada en el pavimento para que otros hicieran lo mismo y entonces aquello se convirtiera en robo masivo; hubo unos pocos que intentaron hacerlos entrar en razón, que les decían que tal vez todo eso era para la gente afectada por el terremoto, a los ladrones en bola no les importó ni teniendo a la policía enfrente.

Así pasa en México, de manera rutinaria la carga de los vehículos accidentados queda a merced y en posesión de quien pasaba o vive por el lugar. No importa mucho qué tipo de carga sea, igual es robada; no importa tampoco que las autoridades de seguridad estén presentes, el destino de la carga es perderse y solo se necesita a una sola persona que empiece a hacerlo para que los demás encuentren la justificación que requieren para obrar mal porque cuando todos lo están haciendo pues no está tan mal, esa es la trampa de la psicología de masas. La gente que participa en estos actos se desprende de su individualidad para volverse un elemento más del conjunto, pertenecer a dicho conjunto o grupo les genera una sensación de bienestar y poder, en su mente se repiten “en bola no nos pueden hacer nada”. No son ignorantes, saben que viven en un país donde la aplicación de las ley es escandalosamente flexible y que hay muy pocas posibilidades de una consecuencia, saben que muchas veces el cargamento está asegurado y que por lo tanto la pérdida para el dueño de la carga será cubierta por ese seguro y lo asumen aunque no sepan de cierto; es poco probable que antes de empezar a robar revisen la documentación del cargamento para ver si proceden o no.

Justo es decir que este tipo de comportamiento no tienen nada que ver con ser mexicano, tiene que ver con ser humano, cualquiera puede quedar sujeto y cautivo por la influencia del comportamiento de otros y todo tiene que ver con la oportunidad de la ocasión confirmando el dicho aquel de “la ocasión hace al ladrón”. Mientras el huracán “Irma” azotaba con fuerza el estado de Florida, cámaras de seguridad captaron a un grupo de sujetos tomando ventaja de, según ellos, la poca vigilancia en un centro comercial para robar cosas de una tienda de calzado, a diferencia de lo que podría pasar en México, fueron identificados y arrestados unas horas después porque robar es robar y es un delito. Esta conducta también puede dar lugar a tragedias mayores, en Pakistán un camión cargado de combustible volcó en junio de este año y, como en México, la gente procedió a robar el combustible con cubetas, botellas y cualquier otro recipiente; en medio de la bola a alguien se le ocurrió fumar y a nadie se le ocurrió que eso era peligroso porque la atención grupal estaba enfocada en robar; una chispa del cigarro hizo contacto con el combustible derramado y más de cien personas murieron tras la explosión.

En un escenario imaginario, un camión cargado de cerveza queda volcado en el tramo de Victoria – Monterrey a la altura de El Barretal. La gente que pasa por el lugar del accidente se detiene a ayudar, primero ayudan al chofer a salir de la cabina y luego empiezan a recoger y apilar los cartones que quedaron buenos, algunos lugareños llegan con escobas y palas para limpiar lo que quedó regado en el pavimento; para cuando llegan las autoridades la carga está resguarda y el tráfico sin interrupciones gracias a un tipo de ciudadanos para los que la psicología de masas funciona diferente, para bien.

¿Cómo hacerle para no caer en la tentación de unirse a la borregada? Se requiere de auto control, una conciencia escrupulosamente clara de que lo malo es malo aunque lo hagan muchos y no es tarea fácil porque hay un componente primitivo en nuestro cerebro que nos alienta formar parte de grupos sin distinguir entre buenos y malos. La psicología de masas influye en la vida diaria de todos y de todo, ojalá que fuera más para bien.

Se dijo primero aquí. En una semana, otro escenario.

Avui no és demá.

Email > [email protected]

Twitter > @maramirezx