Alicia Caballero Galindo

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Alicia Caballero Galindo.-

Se dice que un pueblo que olvida su historia está condenado a caer en los mismos errores; parece ser que Nicaragua es uno de esos casos.

 

Nicaragua es el país más grande de Centroamérica y, paradójicamente, el menos habitado por kilómetro cuadrado: tiene cinco millones y medio de habitantes. Managua, la capital, tiene un millón y medio. León, ciento cincuenta mil, y Granada, cien mil, el resto de la población se distribuye en todo el país.

Se puede dividir esta bella nación, en tres grandes territorios: la costa del Pacífico, donde está situada la mayor parte de sus habitantes, la mayoría de los cuales son “mestizos”, es decir, mezcla de descendientes de españoles indígenas; una región central, menos habitada y dedicada a cultivos y ganadería, y la costa Atlántica, bañada por el Caribe, selvática y menos habitada aún, y la más pobre.

El primer conquistador que consignó el nombre de Nicaragua en un documento español, fue Gil González; al informar al Rey dándole cuenta del descubrimiento de estas tierras, con fecha seis de marzo de 1524.Los españoles conquistadores se concentraron en la costa del Pacífico, y los indígenas autóctonos se desplazaron hacia el Atlántico, donde coincidieron con los que ya estaban, y con gran número de esclavos expulsados de las islas del Caribe de habla inglesa. Este territorio, la Moskitia, quedó bajo protección inglesa hasta comienzos del siglo XX, cuando se unificó el territorio nicaragüense.

Históricamente ha sido una nación pobre a pesar de su gran riqueza natural que ha sido explotada primero por los españoles y posteriormente por naciones extranjeras, particularmente por Estados Unidos. Al ser una nación débil se ha visto dominada por intereses ajenos a los propios y ha caído en manos de dictadores   sin amor a su tierra y su historia y sin conciencia de nacionalismo, a quienes sólo les importa el poder y el enriquecimiento de unos cuantos. Un país defiende su territorio y desea su soberanía, cuando posee  en su ser, el sentimiento de pertenencia; eso se logra cuando se conoce la historia de los antepasados y su lucha por defender la tierra donde han nacido y vivido.

Ante la débil conciencia histórica de los pueblos autóctonos, las compañías norteamericanas sentaron sus reales es esa magnífica tierra saqueando sus riquezas y explotando al pueblo que no tenía defensa alguna, porque se movían intereses internacionales que compraron las conciencias de los poderosos de la región.

En 1895, nació un joven luchador que enfrentaría a la dictadura y sembraría la semilla de la libertad en su pueblo, Augusto César Sandino, fue abatido en 1934 por los intereses norteamericanos, representados por Anastasio Somoza García quien se convertiría en un dictador implacable y sanguinario dominando a su nación y heredando el poder a sus hijos.

La muerte de Sandino, lejos de aplacar el movimiento iniciado por él, lo fortaleció, tomando el nombre de Movimiento Sandinista de Liberación Nacional donde Daniel Ortega, participó activamente, al grado de costarle la libertad porque estuvo  encarcelado un tiempo. La guerrilla,   puso fin a la dictadura de los Somoza, ya que el último de la dinastía, Anastasio  Somoza Debayle, se debilitó después de 42 años de dominio y huyó de su país el 17 de julio de 1979; a la caída del dictador, asume el poder Daniel Ortega (79-90)

Somoza Debayle, muere asesinado en Paraguay por un comando izquierdista argentino el 17 de septiembre de 1980.

Sucede en el poder a Daniel Ortega, Violeta Chamorro (90–97). En  Nicaragua empieza la lucha de intereses de Estados Unidos y los conservadores contra las fuerzas de izquierda que siguen propugnando por el poder. Desde ese entonces las fuerzas Sandinistas de Liberación Nacional inician una guerra de guerrillas con las que lucha el gobierno de Nicaragua hasta que,  en 2007, Daniel Ortega asume nuevamente el poder, donde se perpetúa hasta la fecha.

Actualmente el pueblo nicaragüense está inconforme con un gobierno dictatorial de izquierda. Irónicamente, las  fuerzas sandinistas combatieron  la dictadura de Somoza y ahora, Daniel Ortega, quien fuera fiel seguidor de las fuerzas libertarias, desde que asumió el poder, se convirtió en un dictador y el pueblo nicaragüense, cayó en el mismo error al otorgarle ese poder que hoy está costando tantas vidas. A la fecha se han contabilizado más de 300  muertes de manifestantes reprimidos por las fuerzas del gobierno encabezado por Daniel Ortega.

De la historia, se debe aprender para no cometer los mismos errores. El hartazgo de un pueblo sin un orgullo de SER los llevó a caer una vez más en el mismo error.

Es una importante lección de la que es necesario aprender para no caer en los mismos errores. La dignidad de una nación, surge del conocimiento de su historia, del respeto a sí mismo como nación y la necesidad de heredar a las nuevas generaciones una patria mejor.

Darle poder absoluto a un gobernante, irremisiblemente lleva al vicio eterno marcado por Lord Acton; “El poder corrompe y el poder absoluto, corrompe absolutamente”.

 

 

 

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