Llegó el momento de definir el camino de las universidades

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Héctor F. Saldívar Garza.-

En artículos previos hemos comentado sobre la importancia del momento actual que está viviendo la sociedad mexicana. Incluso, sabemos que esta no es una opinión aislada, ya que una diversidad de personas expertas y no solo idealistas se han pronunciado al respecto en términos similares.

Si tratamos de conducirnos con honestidad intelectual, al revisar la historia política de la nación comprenderemos que la oportunidad ganada a pulso por Andrés Manuel López Obrador en esta ocasión, ha sido única; ya que cuando se ha luchado por transformaciones sociales, esto siempre ha sido mediante el uso de la fuerza; y en esta ocasión por parte del mismo líder del movimiento triunfador, se ha procurado ir desarrollando el cambio sin violencia alguna.

Fue tan abrumador el apoyo a la búsqueda de un nuevo camino por parte de la sociedad, que la trascendencia del acontecimiento está impactando incluso fuera de la geografía de nuestro territorio nacional.

Al respecto, el día 25 del presente mes escuchamos en la televisión una entrevista al ex presidente uruguayo José Mújica, quien es un dirigente sumamente apreciado por haber gobernado con valores fundamentales y señalado a la sociedad un sendero diferente de realizar política ubicando de manera prioritaria al ser humano.

Este hombre que operó su periodo gubernamental en plena medianía y con honestidad a toda prueba, respaldó el ascenso a la primera magistratura de nuestro próximo presidente, no sin observar las dificultades por las que tendrá que transitar, dado su propósito de gobernar con la línea manifiesta a través de los libros que ha publicado y definida con claridad diáfana en su campaña política.

La opinión de este excelso personaje, no obstante la historia reciente de nuestra clase política, impregnada de acciones que podrían avergonzar a cualquier ser humano, nos conduce a imaginar que sí es posible lograr reivindicarnos como nación y regresar a los tiempos en que México fue considerado líder natural de la región, por su proceder respetuoso y voluntad férrea para conducirse con justicia ante débiles y poderosos.

Pero es evidente que para lograr este anhelo tenemos que unirnos como sociedad en torno a quién nos representará; exigirle cumpla con lo prometido en campaña, y redoblar nuestros esfuerzos en el espacio donde nos desenvolvamos para mantener los ideales que se han estado ventilando.

En el caso nuestro que laboramos en las universidades, si pretendemos unirnos a la transformación que se está gestando, debemos revisar con detenimiento todo aquello que obstaculiza el desarrollo pleno de nuestras casas de estudio, tanto en lo concerniente a los estudiantes, profesores, su administración, como las relaciones que se establecen con el medio en lo general.

Ya convencidos de formar parte de esta corriente positiva, por principio debemos ser puntuales en una autocrítica sincera para colocarla como punto de partida. Posteriormente establecer objetivos e ir pugnando de manera ordenada por alcanzarlos.

Un comentario que seguramente aparecerá a primera instancia cuando se trate de mejorar la operatividad de las universidades, lo tenemos en la autonomía que maneja; la cual debe pugnarse porque exista sólidamente ya que son las dependencias que imparten los más altos niveles educativos, por lo consiguiente, de su ideario deben surgir los profesionistas que dirigirán la sociedad; y como son instituciones que suelen contar con los elementos más preparados del medio, esto los habilita ante la sociedad e instituciones que la constituyen, para que se abstengan de bloquearlos en su objetivo.

Sin embargo, el ambicionar poderes extraordinarios en ocasiones es un propósito que impacta a seres humanos de escasa formación social, lo cual origina que encontremos instituciones educativas universitarias que operan bajo el mando de personas físicas ajenas a su integración, organismos políticos e incluso gobiernos constituidos, los cuales finalmente obstaculizan su desarrollo al carecer sus líderes de preparación educativa.

El que las universidades operen sin autonomía, es una señal impropia para los profesores, alumnos y personal que labora en ellas, ya que su buen ejemplo se requiere para que la sociedad avance.

Asimismo es importante precisar el camino recorrido que tienen las instituciones educativas en cuanto a la democratización; asunto que si no está reforzado por principios suficientes para su desarrollo, se tendrá que impulsar por parte de los miembros que las constituyen. Por lo tanto, ahí tenemos una gran misión que nos puede dignificar como personas y universitarios.

Por otra parte, si se está tratando de lograr una transformación, tendremos que ampliar nuestra visión para hacerla holística y definir todo lo que es factible lograr a través de estas instituciones. Sabemos que fundamentalmente se les considera formadoras de los profesionistas que requieren las sociedades en cuanto al desarrollo de conocimientos, métodos y técnicas sobre la operatividad a que se circunscribirán. Pero esto es limitarlas, ya que la educación tiene el compromiso de formar para la vida; por lo tanto las universidades de manera independiente al plan de estudios de las carreras que ofrece, debe cubrir más aspectos donde se incluya lo físico, emocional y espiritual.

En cuanto a actividades complementarias a lo académico, es importante incorporar ciclos de conferencias, debates donde incluyamos personas con posturas ideológicas diversas, cine club con foros de discusión, presentación de grupos artísticos, entre otras.

Es importante igualmente, promover la participación política de alumnos, docentes y administrativos, a la búsqueda de un mejor nivel de vida para ellos y sus familias.

En síntesis, a las universidades les corresponde ser el faro de donde emane la luz que ilumine el derrotero por donde transite la sociedad. Este ideario debe ser su guía y a lo cual corresponde asirnos con ilusión platónica.

No nos arredremos ante las inconveniencias, ni medremos por egoísmo; recordemos que las transformaciones nunca han sido sencillas, y estas exigen liderazgos honestos y decididos; los cuales en ocasiones tendrán que despegarse por momentos del confort que ofrece una vida de tranquilidad.

 

 

 

 

 

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