No saben ni el día en que viven

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Ma. Teresa Medina Marroquín.-

Narra la historia que en la época más aciaga y desastrosa del Imperio Romano era tal el nivel de corrupción e inmoralidad, que desde el Emperador y los miembros del Senado, hasta los mismos generales que comandaban las legiones militares habían perdido completamente la noción de la realidad en que vivían.

Tan desmesurada como abominable era la perversión de la élite en el poder que ignoraban (por increíble que parezca) en qué día, mes y año vivían, incluso si era de día o de noche y la estación del año.

No les importaba si la población de Roma y de las provincias conquistadas morían de hambre y epidemias, y si las rebeliones se multiplicaban y amenazaban al imperio.

La élite pasaba su tiempo en medio de conspiraciones, saqueos, ocios banales, desenfrenos y bacanales. El caos ya no era percibido en las mentes gravemente enfermas de quienes presuntamente gobernaban desde los palacios y recintos de la ciudad eterna.

Recuérdese que la inmoralidad llegó al extremo de que los senadores asesinaron en los idus de marzo (de 23 puñaladas) al mismísimo Julio César, y entre los perpetradores del crimen contra el dictador estaba Bruto, su hijastro, a quien el emperador había criado y lo consideraba casi su hijo.

 

CUALQUIER PARECIDO…

Semejante historia parece haberse repetido en este país, donde la mayoría de los intelectuales afirman que el México de hoy es un territorio donde reinan el terror y la absoluta impunidad.

Fue precisamente contra esa tragedia nacional por lo que votaron más de 30 millones de mexicanos, consiguiendo que Andrés Manuel López Obrador ganara la Presidencia de la República.

Leí recientemente a Ma. Elena Morera, presidenta de Causa Común, A. C., y su interpretación de que México está en busca de “la vergüenza perdida” después del desastre (que todo indica quedará en la impunidad) de lo que fue el sexenio de Enrique Peña Nieto donde, cita Morera, “son incontables los desatinos, las insensibilidades, las ineficiencias, las heridas. En materia de seguridad es difícil imaginarse un peor sexenio”.

¡Uf!, qué panorama tan devastador el que presenta esta dirigente social, y en el que coincidimos todos los mexicanos, excepto aquellos que no saben ni el día en que viven.

De ahí la lucha de la mayoría de los gobernadores, incluido desde luego el de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, a los que la Federación los ha dejado prácticamente solos ante una inseguridad y violencia que sólo se “combatió”, de parte del Gobierno de la República, en acuerdos que a la postre se convirtieron en letra muerta.

Y la referencia de Tamaulipas y de su Gobierno estatal es sin duda la que más tenemos a la mano, y la que nadie puede soslayar desde que el propio García Cabeza de Vaca fue claro y valiente al dar a conocer (en pleno proceso electoral) que intentó comunicarse con el titular del Poder Ejecutivo Federal, pero que lamentablemente no hubo respuesta.

Añadió el mandatario tamaulipeco que la llamada ameritaba que si no era el mismo presidente Peña el que contestara, fuera entonces el secretario de Gobernación.

El resto de esta historia, de exagerada irresponsabilidad criminal, ya es de todos conocida.

 

CUATRO FAMILIAS ACAPARAN LA RIQUEZA

Prometí ya no tocar el tema del presidente electo AMLO, dando margen a que tomara posesión el uno de diciembre. No obstante, trasciende en la opinión pública nacional lo mismo que en esta columna se dijo respecto a la evasión fiscal de los grandes magnates del país.

Cerros de dinero que si fueran pagados al fisco, obviamente en calidad de impuestos, López Obrador no anduviera haciendo los malabares financieros al próximo presupuesto federal. Pero curiosamente no toca ni con el pétalo de una rosa a los que de plano casi se identifican como los dueños de México.

¿Punto y seguido qué? Que las gallinas de arriba sigan cagando a las de abajo.

Cierto es que muy poco resolverán las economías de AMLO las penurias del país. Porque resulta que el problema de la inequidad, la desigualdad y la concentración de la riqueza está focalizado en las clases altas, cuyos grandísimos negocios cobran impuestos al mexicano de a pie y no lo enteran a Hacienda. ¡Así nunca circulará el dinero! Hace días dieron a conocer que los principales acumuladores de recursos son sólo cuatro familias: Slim, Larrea, Bailléres y Salinas Pliego. Estas concentran casi el diez por ciento del PIB nacional. Pregunto: ¿serán investigadas? Otros países latinoamericanos ya ponen el ejemplo.

¡Feliz miércoles!

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