Para educar a seres felices

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Mariano Báez.-

Sin duda, si se le pregunta a cualquier padre de familia qué es lo que más desea para sus hijos, la respuesta más común sería: que sean felices. ¡Qué anhelo tan grande tenemos todos por la felicidad! El ser humano no tiene sed de ser feliz. Por buscar la felicidad elegimos pareja. Con el deseo de ser felices tenemos hijos y formamos una familia. Y una vez que la tenemos, deseamos su felicidad tanto o más que la nuestra. Por eso es importante preguntarnos qué es la felicidad; así, al saber lo que es, podemos orientarnos y buscar en el lugar correcto y, al descubrirla, darnos cuenta de que la encontramos. Cuando nos sentimos felices, estamos ejercitando la totalidad de las capacidades psicológicas que hemos desarrollado hasta ese momento. De esa manera nos damos cuenta que lo que produce la felicidad es esa sensación de sentirse completo, en pleno despliegue de fuerzas positivas y en armonía con uno mismo.

Al buscar la felicidad lo que en verdad estamos anhelando es sentirnos plenos, completos, vibrantes, emotivos, llenos de gozo. Los niños pequeños tienen una gran capacidad para ser felices, y es por ello que están muy cerca de poner en acción, a cada momento, la totalidad de sus posibilidades. Los pequeños están contentos porque su vida está colmada de momentos que exigen de ellos el esfuerzo físico y placentero de estirarse, de explorar el mundo, de poner en juego y entregar el todo por el todo. La felicidad les llega de un ensanchamiento interior, de un darse cuenta de que pueden controlar lo que ocurre en ellos mismos o en el exterior. Un ejemplo de esto es la dicha del pequeño que da sus primeros pasos. En esos momentos, sólo se concentra en sus movimientos, en balancearse, en calcular su paso entre los muebles sin golpearse. Así, cuando logran dar sus primeros pasitos sin caerse, comprueba que es capaz, independiente, fuerte. Y esta sensación lo hace feliz. Esto es importante, porque debemos enseñarle a nuestros hijos que la felicidad duradera depende más de un estado interno, de un individuo que interpreta los hechos y dice actuar en consecuencia, y no de las condiciones exteriores que rodean a la persona.

Muchas veces tenemos la tendencia a pensar incluso, sin darnos cuenta que seremos felices cuando cumplan ciertas condiciones en nuestro mundo exterior. Creemos que el acabar de pagar la casa, el comprar un coche nuevo, el poder viajar, el tener siempre salud física, el conseguir una pareja o cualquier otra cosa nos va a dar la felicidad, Creemos que si ocurren ciertos cambios en nuestras vidas se van a cumplir las condiciones requeridas que nos van a permitir, ahora sí, ser felices para siempre. Pero la experiencia nos dice que así no funciona la naturaleza humana. Ninguna condición exterior produce por sí misma el bienestar interior. Más bien sucede al revés: la persona que en su interior es capaz de interpretar los hechos de manera edificante y favorable, puede relacionarse armónicamente con la realidad externa, independientemente de cuál sea ésta. Al enfrentarse a cualquier suceso, una persona puede darle la interpretación que quiera, porque la condición de neutralidad, felicidad o infelicidad, no se halla en el exterior o en los objetos, sino en el sujeto que los califica.

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